Periplo llegó un poco mas temprano de lo de costumbre al trabajo, sucede que esa noche no pudo dormir. La luna aun no se escondía, alrededor de las seis menos veinte de la mañana arribó a la oficina y se sentó en la puerta a esperar que las empresa abriera sus puertas, mientras tanto leyó el vespertino publicado el día anterior hasta tanto llegase el matutino correspondiente a ese día. Periplo fue un hombre muy sufrido, por eso no resultó extraño su suicidio. Era un homosexual que agonizaba todos los días por el amor que sentía por su jefe, el dueño de la empresa, Periplo era su asistente, siempre al pie del cañón, le asentía todo, le ayudaba en todo y a cambio tan solo recibía un sueldo austero y un miserable trato por parte del jefe.
Cuando llegó a la oficina se encontró con aquel hombre del que tanto hablaba la gente, de aquel obsesivo por la puntualidad que se convirtió en otro impuntual, con la diferencia de que él llegaba siempre mas temprano. Periplo jamás lo había visto, había escuchado comentarios acerca de este tipo y de su extraña conducta, por lo que resolvió charlar un poco con el, aunque siempre le costó empezar una conversación por su timidez, extrañamente, rompió el hielo y con espontaneidad le preguntó por qué había llegado tan temprano. Periplo no entendió tres carajos la respuesta del joven trastornado. Decidió callarse y leer el diario.
Eran ya las siete de la mañana y ya había comenzado a amanecer en Buenos Aires, aunque todavía no era momento de entrar al trabajo. El señor “puntualidad”, del que aun desconozco su nombre, le preguntó a Periplo por qué se dejaba basurear tanto por el patrón, la preguntó también si era verdad lo que se rumoreaba por los pasillos, que el estaba enamorado del jefe y por eso el motivo de su incondicional fidelidad. Periplo se sintió acorralado, fastidiado y lo mandó a la mismísima mierda. Esto me lo contó Periplo al otro día en una de las sesiones que mantenía como mi paciente, aquella noche Peri (como le gustaba que le dijeran) agotó todo el prozac que le mediqué abusándose de la dosis autorizada.
Pido perdón por hacerme el escritor, soy un tipo normal que alguna vez fue un buen psiquiatra pero que nunca pude sanar mi adicción al sexo. ¡Si! Soy el psiquiatra involucrado en la famosa orgía donde mi mujer, también ninfomana, falleció. Periplo era muy sensible, diagnostico que el no pudo soportarlo. La muerte de mi mujer fue la gota que rebalsó el vaso. Creo haberles dicho que Periplo participó de aquella bacanal incitado por mi, supongo que por eso, se suicidó.
viernes, 29 de mayo de 2009
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